Todavía estamos a tiempo
Por: Jose L. Báez Rivera, representante Distrito 4 de San Juan

En una ocasión Mahatma Gandhi dijo: “Tú debes ser el cambio que deseas ver en el mundo”. Tenemos que entender y reconocer el peligro que representan las bolsas plásticas para nuestros recursos naturales y para nuestras futuras generaciones. Anualmente circulan alrededor del mundo entre 500 millones y 1 billón de bolsas plásticas de las cuales menos del 1% se reciclan, ya que es más costoso reciclarlas que hacer una nueva. Además, tardan en descomponerse aproximadamente, entre 150 y 500 años, y sus componentes se convierten en tóxicos que contaminan los suelos y las vías fluviales. Tenemos el deber como país de unirnos y reconstruir nuestra cultura, conciencia ambiental y cívica.

Lamentablemente, en Puerto Rico cerca del 90% de las bolsas plásticas terminan su ciclo en vertederos o como basura. Gran parte de esa basura culmina en las orillas de nuestras playas matando a nuestra fauna marina, cuando estas las confunden con alimento.  En el mundo mueren aproximadamente, cien mil mamíferos marinos enredados en ellas o por ingerirlas. Durante la Limpieza Internacional de Costas que realizan grupos comunitarios y ambientalistas anualmente en Puerto Rico, se recogen más de 200mil libras de basura, de la cual gran parte son bolsas plásticas. De la basura recogida en el 2011 en Puerto Rico, se recogieron 44,147 bolsas plásticas.

Consciente de esta tragedia, recientemente presenté el proyecto P de la C 1100, conocido como “Ley para la Promoción de Bolsas Reusables y la Reglamentación del Uso de Bolsas Plásticas en Establecimientos Comerciales”. En el mismo propongo que, a partir de su aprobación, hasta el 31 de diciembre de 2014 todo establecimiento comercial cobrará un dólar ($1.00) por cada bolsa plástica que facilite un establecimiento a un cliente. Posteriormente, a partir del 1 de enero de 2015, el costo de la bolsa plástica será de dos dólares ($2.00).

Esta medida ha despertado  la discusión y el interés de todos los sectores de la sociedad, y ciertamente mi obligación al Pueblo es orientarlo, en cuanto a cuál es el alcance de dicha medida. Muchas personas creen que esta es una medida onerosa porque aparenta ser una nueva carga económica, especialmente para la clase trabajadora de nuestro país. También tienen la impresión de que el dinero que sea cobrado será dirigido al Fondo General. Por el contrario, este proyecto no representa una medida impositiva o inflexible, si se tiene la responsabilidad social y ambiental de llevar una bolsa reusable. Inclusive, no tendríamos que gastar un solo centavo en bolsas si optamos por crear de forma creativa un bolso o caja que sean prácticos. Podemos reutilizar materiales que tengamos disponibles en nuestros hogares para confeccionarlas.

El verdadero propósito de esta medida es, primeramente, crear conciencia del impacto negativo que representan las bolsas plásticas para nuestro ambiente y, además, que nos veamos motivados o forzados a no pagar por una bolsa plástica. De esta forma, reduciríamos significativamente el uso de estas bolsas hasta que sean eliminadas completamente.

De ser recaudada alguna cantidad de dinero, el 75% de este, será destinado al Programa de Conservación y Manejo de Arrecifes de Coral del Negociado de Pesca y Vida Silvestre, adscrito al Departamento de Recursos Naturales y Ambientales de Puerto Rico.  Esta aportación sería en apoya a los recursos necesarios para examinar, recomendar y colocar arrecifes artificiales en aguas territoriales que permitan el incremento del número y la disponibilidad de hábitats y recursos para las especies marinas. El restante 25% del dinero recaudado será destinado al Cuerpo de Vigilantes del DRNA para que sean utilizados exclusivamente en la implementación y fiscalización de las disposiciones de la ley propuesta.

Países como Estados Unidos, Australia, Argentina, Taiwán, Irlanda, Inglaterra, Dinamarca, Canadá, Israel, Singapur, entre otros, han prohibido las bolsas plásticas o han reducido el uso de estas por medio de la imposición de un cargo monetario.

Tenemos que unirnos al llamado que han hecho otros países de cambiar nuestros hábitos, si entendemos que estos son dañinos para nuestro planeta. Solamente tenemos un Puerto Rico. Solamente tenemos un planeta Tierra. Es el momento de crear conciencia, de ser creativos y buscar alternativas viables para los problemas reales de Puerto Rico. Es el momento de hacernos parte del cambio mundial. Cualquier valor monetario se queda corto cuando el aire que respiramos, los alimentos que consumimos y el agua que bebemos, y por ende, nuestra propia vida está en peligro. Como dice un pensamiento indoamericano: “Sólo cuando el último árbol esté muerto, el último río envenenado, y el último pez atrapado, te darás cuenta que no puedes comer dinero”. Todavía estamos a tiempo.


¿POR QUÉ EL 21 DE MARZO?
Por: Jose L. Báez Rivera, Representante Distrito 4 de San Juan

En una ocasión alguien señaló que la historia de un pueblo no es lo que ese pueblo ha vivido, sino lo que ese pueblo recuerda y cómo lo recuerda. Ante esta premisa autoevidente es que evoco el hecho de que 76 años atrás un soleado Domingo de Ramos, en el cruce de las calles Aurora y Marina, en la señorial ciudad de Ponce, ocurrió uno de los hechos más violentos en la historia de Puerto Rico. Aquel 21 de marzo de 1937 se suscitó un evento que consternó e indignó a toda la población del País, sin importar la ideología política que profesaran y que fue denominado como “la masacre de Ponce”.

Esta tragedia fue el doloroso desenlace de un operativo gubernamental para impedir un desfile que llevarían a cabo seguidores del Partido Nacionalista de Puerto Rico, donde miembros de la entonces Policía Insular de Puerto Rico, fuertemente armados con subametralladoras y otros equipos de combate, abrieron fuego tanto contra los participantes de la actividad como contra el público presente.

En aproximadamente 15 minutos, 19 personas perdieron su vida y más de 200 fueron heridas. Las balas no discriminaron; allí murieron nacionalistas, una simpatizante del Partido Republicano, un soldado de la guardia nacional que regresaba de su ejercicio dominical, un verdulero, unos comerciantes, un despachador de gasolina, dos policías y una niña de 12 años, entre otros, todos victimas de un ejercicio de irracionalidad ciega y desmedida, producto de la intransigencia política de una persona funesta que detentó el poder en Puerto Rico durante esa época de la década de los 30 en el siglo XX.

Nuestra obligación como País y deber patriótico es la de nunca olvidar a esos caídos ni a ese fatídico incidente, así como no se puede olvidar la matanza de la Universidad de Kent en 1970 en Estados Unidos, la de Tlatelolco en ciudad de México en 1968 ni la de Tianamen en Beijing, China o la matanza de Timisoara, Rumanía en 1989.

Todos los 21 de marzo tenemos que separar el día, no para añadirlo al álbum de días festivos de la Isla, si no para hacer de este un día de Recordación de todos aquellos que en Puerto Rico han sufrido por actos de intolerancia. Reflexionemos sobre su sacrificio y busquemos la manera de erradicar esa práctica, porque “la fraternidad humana y la libertad son los únicos correctivos que hay que oponer a las enfermedades del organismo humano que conducen a lo que se llama crimen”, según dijo el príncipe ruso Piotr Kropotkin.

 

 


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